
Sí, yo también memoría ésa tarde hasta que Ben Clark me rescató y volví a ser humanista de nuevo (sólo un poco, estoy en proceso). Ben Clark, una nueva generación de poetas. Tiene mi edad, nació el mismo año que yo, 1984 y describe ésa época con no poca desidia:
1984
Nací en un mundo fuera del amor.
Un mundo que no sale en los periódicos.
Recuerdo pocas cosas de mi infancia:
parques con jeringuillas. Y la tele.
Éste viernes, Ben Clark presentó su último libro en la librería La Central donde yo trabajo como becaria y donde experimento, entre otras cosas, algunos orgasmos intelectuales y artísticos. El último con él. Su poesía no es nada rimbombante, nada intelectualoide. Yo diría que es narrativa con estructura poética.
Memoría inmortaliza, valga la redundancia, aquello de cotidiano, la memoria que nos queda para no perecer en el hastío. Y no es que no lo haya en éste poemario. Al contrario, hay mucho pesimismo a la vez que detalles florecientes. Una buena memoria mitad oscura mitad amable, ya que los sueños, dicen, no tienen defectos, y todo arte, para mí es soñar un poco.
Ben es un chico hombre. Hijo de padres ingleses y hippies que vivieron en Ibiza cuando allí la vida era más dulce que en otros lugares, parece un marinero corpulento, pero es un poeta. Y un caballero. Cuando me acerqué me besó la mano y me miró a los ojos con su mar ibizenco en la mirada, que tiene ciertamente algo de resurrección (afirma haber renacido un par de veces, una después de un accidente de tráfico y otra sin haberse dado cuenta).
Aquí os dejo dos de los poemas que más me han atrapado, para que podáis experimentar. Una versión moderna de la Ítaca de Kavafis (del que ya hablamos). Un existencialismo explicado hoy:
Poema para un espermatozoide vago
Importan, la verdad, muy pocas cosas;
la lista va cambiando, no es ni bueno
ni malo, es así. Aunque hay algunos
puntos más populares y constantes:
no estar solo. Tener con quien hablar
y dormir por las tardes en el porche.
Verás que a los humanos no nos gusta
en general, estar sin compañía.
<<Mejor sólo que mal acompañado>>
les oirás comentar más de una vez.
Tu no les hagas caso.
Te mirarás un día en el reflejo
de un vaso de cerveza y pensarás
en lo bien que estaría hacer reír,
provocar una lágrima, cantar.
Procura por lo tanto no estar solo.
¿Qué mas puedo explicarte de éste sitio?
Tampoco queda mucho por decir:
verás que, como yo, hay otras personas
- por no decirte casi todo el mundo-
que intentarán decirte que la vida
es esto, esto otro y que después
nada resulta como uno esperaba.
Debes tener paciancia con nosotros,
somos muchos, nos damos todos miedo
y a pesar de sabernos vencedores
de una carrera arcana, compartimos
juntos la sensación de haber perdido
algo en alguna parte. Y es por esto
que debes asentir y decir gracias
cuando alguien te acoseja con la vida.
Pero antes de vencer ten esto claro:
aquí no gana nadie.
Os recomiendo a éste poeta de nuestros días, yo me cobijo en sus certezas porque también son un poco mías. Por cierto, su presentación me insipó ésto fumar un cigarrillo en la puerta del trabajo y escribir de vuelta:
Algun tipo de luz
Bebes del vaso plástico del trabajo sin pensar en lo material de ése acto, sin tener en cuenta ésas onduladas curvas blancas del blanquecino recipiente cuando el agua se desliza tráquea abajo. Cinco minutos saliste a la puerta de atrás de la calle Elisabets, ésa puerta de atrás que sin honor a su nombre convive al lado de la puerta principal, allí donde todo el mundo puede verte, allí donde todo el mundo hoy te mira, hoy y no ayer. Te miran porque hoy albergas en ti aquello que captan las almas y no sus pupilas. Aquello que les induce a mirarte intentando encontrarte, aquello que les llama entre tanto cartel promocional, skate, pelo afro y camiseta fucsia de una forma misteriosa e interrogante. Mientras fumas tu cigarrillo irradías hoy algo que escaseaba en ti últimamente, algo que proyectas mientras miras fijo el portal grafiteado de enfrente, 1880..
Hoy te miran porque no intentas ser, porque no te preguntas nada, cuando todo interrogante afilado te acecha hoy dulcemente, cuando cinco minutos atrás una lágrima de placer se deslizaba. Y vuelves a estar aquí, donde amas estar de vez en cuando para calmar ésta agonía mortuoria y inhumana.